La arquitectura siempre ha exigido esfuerzo.
Dibujar, investigar, equivocarse, volver a dibujar, construir una maqueta, estudiar una estructura, comprender una normativa o pasar horas intentando resolver un detalle no eran únicamente medios para llegar a un proyecto. Eran parte del proceso mediante el cual el arquitecto aprendía a pensar.
La inteligencia artificial está modificando precisamente ese recorrido.
Hoy un estudiante puede generar en segundos aquello que antes necesitaba horas de trabajo para representar. Puede producir decenas de alternativas, transformar una idea en una imagen fotorrealista y obtener respuestas sobre cuestiones que anteriormente exigían investigación.
El problema ya no es si la IA puede hacer más.
El problema es qué dejamos de aprender cuando dejamos de hacer.
Sobre esta tensión conversamos con Pablo Sabariegos, arquitecto y profesional vinculado a la visualización, la formación y la implementación de inteligencia artificial aplicada a la arquitectura. Su experiencia trabajando directamente con estas herramientas le permite observar el fenómeno desde una posición especialmente interesante: no desde el rechazo tecnológico, sino desde su utilización cotidiana.
Su conclusión resulta incómoda: la IA puede hacer mejores profesionales a quienes ya tienen criterio, pero también puede ocultar las carencias de quienes todavía no lo han desarrollado.
EL ATAJO COMO NUEVO PROBLEMA
ARTEC:
Si la inteligencia artificial puede resolver cada vez más tareas que antes requerían horas de trabajo, ¿qué debería seguir haciendo necesariamente un estudiante de arquitectura por sí mismo?
Pablo Sabariegos:
Creo que un estudiante todavía necesita hacer ese esfuerzo. Es como aprender a leer cuando ya existen las películas. La película transmite la información de manera pasiva; leer exige una participación activa. Con la arquitectura ocurre algo parecido. Primero necesitas desarrollar las capacidades y el criterio; después puedes comenzar a delegar.
“Hasta que no dibujas algo, no lo conoces.”
“La experiencia es un grado.”
Cuando una herramienta puede generar soluciones, la diferencia entre un profesional experimentado y uno que simplemente acepta la primera respuesta no desaparece; puede hacerse menos visible hasta que llega el momento de construir. Pablo señala precisamente que la experiencia continúa marcando diferencias, especialmente ante problemas reales de obra.
EL ARQUITECTO CAMBIA SU TRABAJO
Una de las ideas centrales de la conversación es que la automatización no necesariamente empieza por sustituir la arquitectura, sino por eliminar aquellas tareas que requieren menos pensamiento.
Para Sabariegos, las actividades repetitivas y mecánicas tenderán progresivamente a desaparecer. El arquitecto asumiría entonces un papel más próximo al de un director, tomando decisiones y dando instrucciones mientras las herramientas ejecutan buena parte del trabajo operativo.
Es una transformación importante.
Durante décadas, dominar determinados instrumentos formaba parte de la identidad profesional: dibujar técnicamente, modelar, renderizar, preparar documentación o construir representaciones.
Ahora muchas de esas operaciones comienzan a convertirse en instrucciones.
El arquitecto podría pasar de hacer directamente a decidir qué debe hacerse, cómo debe hacerse y por qué.
Pero eso abre una paradoja.
Si la máquina ejecuta cada vez más, el valor del profesional dependerá cada vez menos de su capacidad para ejecutar y cada vez más de su capacidad para juzgar.
Y el criterio no aparece mágicamente cuando desaparece el trabajo.
Se construye mediante el trabajo.
PREGUNTA ARTEC
Si la IA puede generar cincuenta, cien o doscientas alternativas de un proyecto en cuestión de minutos, ¿tiene todavía sentido obligar al estudiante a recorrer todo el proceso tradicional de diseño?
PABLO SABARIEGOS
Sí. Al menos al principio.
Para Sabariegos, el estudiante necesita realizar ese esfuerzo mental antes de delegar determinadas operaciones. Establece una comparación sencilla pero poderosa: aprender arquitectura mediante IA sin haber desarrollado previamente sus fundamentos sería parecido a pretender aprender a leer únicamente viendo películas.
La diferencia está en la actividad cognitiva.
Leer obliga a participar. Ver una película puede entregar el contenido de manera mucho más pasiva.
En arquitectura ocurre algo similar.
El problema no sería utilizar posteriormente herramientas capaces de acelerar el proceso, sino utilizarlas antes de haber construido las capacidades que permiten evaluar sus resultados.
DIBUJAR PARA CONOCER
“Hasta que no dibujas algo, no lo conoces.”
No se trata aquí de defender románticamente el dibujo manual frente a la tecnología.
La cuestión es cognitiva.
Sabariegos explica que los edificios que mejor recuerda son precisamente aquellos que se esforzó en dibujar. El acto de observar, seleccionar, medir mentalmente, interpretar proporciones y traducirlas al papel genera una relación distinta con el objeto arquitectónico.
El dibujo deja entonces de ser únicamente una herramienta de representación.
Se convierte en una herramienta de conocimiento.
Y esta distinción resulta fundamental en un momento en el que una imagen arquitectónica puede aparecer prácticamente antes de que exista una reflexión suficientemente desarrollada detrás de ella.
EL PROBLEMA NO ES LA IMAGEN
La IA ha democratizado algo que durante mucho tiempo estuvo reservado a estudios con recursos técnicos importantes: la capacidad de producir imágenes convincentes.
Pero precisamente ahí aparece otro problema.
Una imagen puede demostrar que algo parece posible sin demostrar que alguien haya entendido realmente aquello que está representando.
La conversación introduce una distinción fundamental entre el resultado visual y el proceso que conduce hasta él.
Para Sabariegos, el docente debería valorar cada vez más cómo se llegó al resultado, y no únicamente el resultado final.
Esto modifica incluso la manera de evaluar.
Si todos pueden presentar una imagen espectacular, la imagen deja de ser una evidencia suficiente de aprendizaje.
La evidencia tendrá que desplazarse hacia otro lugar:
la capacidad de argumentar, justificar, transformar, descartar y tomar decisiones.
PREGUNTA ARTEC
¿Qué ocurre cuando el estudiante puede saltarse la parte intermedia del proyecto y pasar directamente de una idea esquemática a una representación prácticamente terminada?
PABLO SABARIEGOS
La tecnología puede acelerar precisamente esa parte intermedia que antes era mucho más mecánica.
Un estudiante puede partir de un dibujo o esquema y visualizar rápidamente cómo podría convertirse en un espacio tridimensional. Esto permite iterar con mucha mayor velocidad.
Pero existe una condición.
La IA debe acelerar el pensamiento del estudiante, no sustituirlo.
La diferencia parece pequeña, pero profesionalmente es enorme.
En un caso, la herramienta funciona como extensión de la capacidad proyectual.
En el otro, funciona como sustituto de una capacidad que todavía no existe.
Sabareigos resume la cuestión en una decisión individual: utilizar la IA como herramienta para seguir pensando o utilizarla como un atajo para recibir directamente una solución.
EL NUEVO VALOR ESTÁ EN EL CRITERIO
Existe otra transformación menos visible.
Cuando una herramienta puede producir miles de posibilidades, generar posibilidades deja de ser extraordinariamente valioso.
Lo difícil empieza después.
¿Cuál sirve?
¿Cuál no?
¿Por qué?
¿Qué problema resuelve?
¿Qué contradicción introduce?
¿Qué relación tiene con el lugar?
¿Qué consecuencias constructivas genera?
¿Qué decisión arquitectónica hay detrás?
En este escenario, la formación del arquitecto tendría que desplazarse progresivamente desde la mera producción hacia la selección crítica.
Sabariegos describe la IA como una especie de filtro profesional: puede potenciar a quienes ya poseen criterio, pero también hacer mucho más visibles las debilidades de quienes carecen de él.
La paradoja es poderosa:
cuanto mejor se vuelve la máquina generando resultados, más importante se vuelve saber juzgarlos.
DE LAS MILES DE HERRAMIENTAS A UN FLUJO DE TRABAJO
Existe además un problema práctico que afecta directamente a los estudios de arquitectura.
La velocidad con la que aparecen nuevas herramientas puede generar una especie de fatiga tecnológica.
Sabariegos menciona haber identificado varias herramientas relacionadas con IA, cada una orientada a tareas diferentes: visualización, urbanismo, interiorismo, documentación, automatización o distintas fases del proyecto.
El problema, entonces, ya no es encontrar una herramienta.
Es saber cuál utilizar.
Y, sobre todo, saber cuándo no utilizarla.
Su trabajo con estudios consiste precisamente en filtrar estas posibilidades según el flujo de trabajo de cada oficina: no todos utilizan las mismas plataformas, ni tienen las mismas necesidades, ni necesitan IA en las mismas fases del proyecto.
Esto introduce una idea que probablemente será cada vez más importante en arquitectura:
la alfabetización en IA no consiste en conocer todas las herramientas, sino en saber construir un sistema de trabajo.
LA UNIVERSIDAD TIENE UN PROBLEMA DE TIEMPO
La velocidad tecnológica introduce una preocupación adicional para las escuelas de arquitectura.
Un estudiante puede comenzar hoy una carrera y encontrarse, antes incluso de graduarse, con herramientas que no existían cuando empezó.
El conocimiento técnico puede quedar obsoleto a una velocidad desconocida para generaciones anteriores.
Sabariegos reconoce que la universidad todavía no está transformando sus planes curriculares al mismo ritmo que la tecnología, aunque también considera que la incorporación de IA debería realizarse progresivamente y sin destruir de golpe las bases educativas existentes.
Esta posición resulta especialmente relevante.
No propone sustituir la educación arquitectónica por cursos de inteligencia artificial.
Propone introducirla dentro de una formación que siga construyendo fundamentos.
La diferencia es esencial.
PREGUNTA ARTEC
¿Qué debería aprender un estudiante de arquitectura en 2026 si sabe que las herramientas que utilizará profesionalmente todavía no existen?
PABLO SABARIEGOS
Probablemente no debería empezar por aprender una determinada herramienta.
Debería empezar por comprender qué problemas está intentando resolver.
La tecnología puede cambiar.
El criterio permanece.
Por eso Sabariegos insiste en la importancia de las bases: dibujo, percepción, comprensión espacial y conocimiento de los fundamentos arquitectónicos. Incluso cuando determinadas operaciones técnicas puedan automatizarse, el profesional necesita comprender aquello que está delegando.
Esto resulta particularmente evidente en cuestiones normativas, constructivas o técnicas.
No basta con saber que una IA devuelve una respuesta.
Hay que saber por qué esa respuesta tiene sentido.
LA ÉTICA DE DELEGAR
Aquí aparece quizá el punto más delicado de toda la conversación.
La IA permite delegar.
Pero ¿qué deberíamos estar dispuestos a delegar?
Una representación puede automatizarse.
Una búsqueda puede acelerarse.
Una tarea repetitiva puede desaparecer.
Pero ¿puede delegarse completamente una decisión que afecta a la seguridad, al funcionamiento o a la responsabilidad profesional?
La respuesta exige distinguir entre automatización y responsabilidad.
Sabariegos plantea que una futura reforma de la enseñanza debería incluir, entre otras cuestiones, el uso y la ética de la IA: enseñar al estudiante a preguntarse no solamente cómo utilizarla, sino por qué utilizarla, cuándo hacerlo y cuándo no hacerlo.
Es posiblemente uno de los puntos donde la arquitectura tiene más que perder si confunde eficiencia con conocimiento.
CUANDO LA DEPENDENCIA SE CONVIERTE EN FRAGILIDAD
La tecnología también introduce una pregunta incómoda sobre la autonomía profesional.
¿Qué ocurre si desaparece internet?
¿Qué ocurre si una plataforma deja de funcionar?
¿Qué sucede si una empresa cambia sus condiciones?
¿Y si una herramienta que hoy parece imprescindible desaparece mañana?
La conversación lleva esta hipótesis hasta un escenario extremo: una arquitectura completamente dependiente de sistemas digitales.
Pero Sabariegos señala algo interesante: la dependencia tecnológica no comenzó con la IA.
El arquitecto contemporáneo ya depende de herramientas como AutoCAD, BIM y otros sistemas digitales. La IA simplemente lleva esa dependencia a un nuevo nivel.
La cuestión no es regresar al pasado.
Es conservar suficiente conocimiento para seguir siendo profesional cuando la herramienta falla.
EL ARQUITECTO COMO DIRECTOR DE ORQUESTA
Quizá el nuevo arquitecto no sea el que sabe hacerlo todo.
Tampoco será necesariamente el que conozca todas las herramientas.
Será quien sepa coordinar inteligencia humana y capacidad computacional.
La IA puede producir alternativas.
Puede automatizar.
Puede visualizar.
Puede acelerar.
Puede analizar.
Pero alguien debe establecer los objetivos, interpretar los resultados y asumir las consecuencias.
Ese desplazamiento convierte al arquitecto en una especie de director de orquesta: menos concentrado en ejecutar cada instrumento y más concentrado en conseguir que todos ellos produzcan una obra coherente.
Pero existe una condición previa:
un director necesita saber escuchar.
Y un arquitecto necesita saber juzgar.
LA ÚLTIMA FRONTERA NO ES TECNOLÓGICA
La conversación con Pablo Sabariegos no termina realmente hablando de inteligencia artificial.
Termina hablando de educación.
De esfuerzo.
De atención.
De experiencia.
De responsabilidad.
Y, sobre todo, de criterio.
La tecnología seguirá avanzando. Aparecerán nuevas plataformas, nuevos modelos, nuevos sistemas de representación y nuevas formas de automatización. El arquitecto de dentro de diez años probablemente trabajará con herramientas que hoy todavía no conocemos.
Pero existe algo que la velocidad tecnológica no puede garantizar:
que quien utiliza esas herramientas sepa pensar arquitectura.
Ese será probablemente uno de los grandes desafíos de la próxima generación.
No aprender a hacer más.
No aprender a producir más rápido.
No aprender a generar más imágenes.
Sino aprender a decidir qué merece ser producido.
Porque el verdadero peligro de la IA quizá no sea que haga demasiado.
Quizá sea que nos permita pensar demasiado poco.
UNA COSA MÁS…
Hemos podido identificar una tipología de perfiles de estudiantes como el aprendiz profundo, el estratégico, el superficial o el desconectado, etc. Desde tu experiencia y contacto con ellos, ¿has identificado este tipo de perfiles? ¿Cómo los percibes hoy en día?
Hay de todo, la verdad. Históricamente existía una brecha muy marcada entre el experto y el amateur; hoy siento que esa distancia se ha reducido considerablemente, en gran medida por el impacto de la inteligencia artificial.
Sin embargo, la brecha técnica sigue existiendo porque la experiencia es un grado irremplazable. Haber resuelto un problema seis veces en obra no equivale a enfrentarlo por primera vez.
Excelente. Para cerrar, ¿qué mensaje le darías a los nuevos arquitectos que están dando sus primeros pasos en el ejercicio profesional?
Pablo Sabariegos
Les diría que es fundamental mantenerse en constante formación con las nuevas herramientas. Sin embargo, hay que utilizarlas con criterio y no abandonar el esfuerzo mental en las etapas complejas del diseño o la ejecución. No hay que caer en la comodidad.
Una vez que domines los fundamentos y desarrolles un criterio sólido, recién podrás empezar a delegar. Al igual que lo harías con un becario, tu asistente ahora puede llamarse ChatGPT o Claude. Excelente…
INFORMACIÓN EDITORIAL
Serie editorial
Conversaciones ARTEC · N.º 002
Identificador editorial
ARTEC-CA-002
Entrevistado
Pablo Sabariegos
Arquitecto · Docente · Profesional vinculado a la inteligencia artificial y visualización arquitectónica
Entrevista y edición
Carlos Castañares
Arquitecto · Editor de Revista ARTEC
ORCID
https://orcid.org/0009-0008-3929-1948
Publicado
12 Septiembre 2026
Idioma
Español
Tipo de publicación
Entrevista de fondo
Castañares, C. (2026). El arquitecto frente al atajo digital. Conversación con Pablo Sabariegos sobre inteligencia artificial, educación y criterio profesional. Revista ARTEC.
Sobre Conversaciones ARTEC
Conversaciones ARTEC es una serie editorial de Revista ARTEC dedicada a documentar el pensamiento contemporáneo sobre arquitectura, ciudad, urbanismo, tecnología e innovación mediante entrevistas en profundidad con arquitectos, investigadores, docentes y profesionales de reconocido prestigio internacional.
Su objetivo es preservar ideas, experiencias y reflexiones que contribuyan al debate sobre el presente y el futuro del entorno construido.









