MIRAR LA ARQUITECTURA DESDE OTRO PLANETA

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Ficha del proyecto

Despacho

SAGA Space Architects
Estudio especializado en arquitectura espacial y diseño de hábitats para entornos extremos.

Proyecto: Rosenberg Space Habitat (RSH)
Cliente / institución asociada: Institut auf dem Rosenberg
Ubicación actual del prototipo: Future Park, Institut auf dem Rosenberg, San Galo, Suiza
Concepto: Hábitat espacial para misiones de larga duración
Usuarios previstos: 2 astronautas
Fabricación de la envolvente: Impresión 3D a gran escala
Fabricación de la carcasa: Milán, Italia
Ensamblaje del prototipo: Copenhague, Dinamarca
Socios industriales mencionados: Camozzi e Ingersoll Machine Tools
Diseño: SAGA Space Architects

Datos técnicos

Altura: 7 m
Huella: 7,2 m²
Configuración: 2,5 niveles funcionales
Capacidad: 2 tripulantes
Geometría exterior: triángulo redondeado
Material de la envolvente: ABS reforzado con fibra de vidrio y estabilizador UV, según la documentación publicada del proyecto
Fabricación: impresión 3D de gran escala
Configuración logística: diseñada para que seis unidades puedan disponerse dentro de la capacidad de carga prevista para Starship
Uso actual: prototipo y laboratorio de investigación para misiones análogas

Un edificio que no fue pensado para la Tierra

Hay proyectos arquitectónicos que nacen de una parcela, un programa y unas condiciones climáticas determinadas. El Rosenberg Space Habitat parte de una premisa completamente distinta: diseñar un espacio habitable para un entorno en el que casi ninguna de las condiciones que damos por normales en la arquitectura terrestre puede darse por sentada.

No hay paisaje doméstico.

No hay viento entrando por una ventana.

No hay lluvia.

No existe la posibilidad de ampliar el edificio cuando la familia crece ni de abrir una puerta para salir al exterior sin un protocolo específico.

En un hábitat espacial, cada centímetro adquiere valor, cada kilogramo importa y cada decisión arquitectónica puede afectar a la supervivencia, al rendimiento y al estado psicológico de sus ocupantes.

El Rosenberg Space Habitat, desarrollado por SAGA Space Architects en colaboración con el Institut auf dem Rosenberg, plantea precisamente esta condición: ¿cómo puede la arquitectura construir la sensación de hogar cuando el entorno exterior es radicalmente inhóspito?

La respuesta no se encuentra únicamente en la tecnología.

Se encuentra en la arquitectura.

SAGA Space Architects cuando la arquitectura abandona la Tierra

SAGA Space Architects trabaja en un territorio donde la arquitectura convencional se encuentra con la ingeniería aeroespacial.

En lugar de comenzar por la pregunta habitual —qué edificio necesita una determinada parcela—, la arquitectura espacial comienza por restricciones mucho más severas:

¿Cuánto pesa? ¿Cómo se transporta? ¿Cómo se presuriza? ¿Cómo se mantiene? ¿Cómo se habita durante meses?

Estas preguntas obligan a reconsiderar conceptos fundamentales del proyecto arquitectónico.

El muro deja de ser únicamente cerramiento.

El mobiliario deja de ser un objeto independiente.

La iluminación deja de ser solamente una cuestión estética.

La circulación deja de responder exclusivamente a criterios funcionales.

Todo pasa a formar parte de un sistema de supervivencia, operación y bienestar.

El Rosenberg Space Habitat es interesante precisamente porque intenta convertir esas restricciones en arquitectura.

7 metros de altura y apenas 7,2 metros cuadrados de huella

Las dimensiones del proyecto son suficientes para entender su radicalidad.

El hábitat alcanza aproximadamente 7 metros de altura, mientras que su huella terrestre es de apenas 7,2 metros cuadrados.

Esta relación entre altura y superficie genera una arquitectura predominantemente vertical.

En lugar de extenderse horizontalmente, el programa se organiza hacia arriba.

La estrategia permite concentrar funciones diferentes dentro de un volumen extremadamente reducido.

El resultado es una arquitectura que recuerda, en cierta manera, a una mezcla entre una nave espacial, una torre habitable y un módulo experimental.

Pero aquí aparece una cuestión esencial:

¿Cómo evitar que una arquitectura tan compacta se convierta en una experiencia claustrofóbica?

SAGA responde mediante la sección.

Una arquitectura organizada en 2,5 niveles

El interior del Rosenberg Space Habitat se divide en aproximadamente 2,5 niveles funcionales.

Esta decisión no es únicamente una estrategia para aprovechar el espacio.

Es también una estrategia psicológica.

Separar las actividades permite construir diferentes atmósferas dentro de un volumen extremadamente pequeño.

Nivel inferior: trabajar

La zona inferior está destinada principalmente al trabajo, investigación y operación.

El programa contempla actividades relacionadas con investigación científica, mecatrónica, control remoto y análisis de datos.

También incorpora un espacio asociado a operaciones con drones y contempla la interacción con sistemas robóticos como Spot, de Boston Dynamics.

Aquí la arquitectura adopta una condición casi de laboratorio.

Es el lugar donde la tripulación trabaja con el exterior sin estar físicamente expuesta a él.

Nivel intermedio: vivir

El nivel central cambia completamente de carácter.

Aquí aparece el espacio colectivo.

Cocinar, comer, conversar, ejercitarse y descansar requieren una arquitectura diferente a la del laboratorio.

La organización incorpora elementos multifuncionales integrados en la propia envolvente.

Esta estrategia es particularmente importante en un hábitat espacial.

En una vivienda convencional, el mobiliario puede ocupar una parte considerable del espacio porque existe superficie suficiente para distribuirlo.

En el Rosenberg Space Habitat, cada elemento debe justificar su presencia.

Una mesa puede ser también una superficie de trabajo.

Un elemento de almacenamiento puede integrarse en una pared.

Un muro puede contener instalaciones.

La arquitectura comienza a comportarse como un sistema compacto de componentes multifuncionales.

Dormir dentro de un capullo

En la parte superior aparecen dos espacios privados destinados al descanso.

Son concebidos como cápsulas o “capullos” de sueño, una respuesta arquitectónica a uno de los problemas más complejos de cualquier misión espacial de larga duración: la necesidad de privacidad.

La arquitectura terrestre suele separar intimidad y convivencia mediante habitaciones.

Aquí la estrategia es diferente.

No se dispone de grandes dormitorios.

Se construyen pequeños mundos interiores.

Los materiales adquieren entonces una importancia que supera lo decorativo.

El proyecto utiliza textiles acústicos de Kvadrat y elementos de fieltro reciclado para introducir textura, absorción acústica y una sensación más doméstica.

Es una decisión aparentemente pequeña, pero conceptualmente importante.

La arquitectura espacial no puede limitarse a garantizar que el cuerpo sobreviva.

También debe intentar que la persona pueda sentirse en casa.

La forma del Rosenberg no es una cuestión estética

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto aparece antes de entrar al edificio.

La envolvente tiene una geometría particular: una especie de triángulo redondeado, situada entre la geometría circular y la triangular.

A primera vista podría parecer una decisión formal.

No lo es.

La geometría responde a un problema logístico.

El diseño fue concebido para que seis hábitats idénticos puedan organizarse dentro de la bodega de carga prevista para un vehículo Starship, según la documentación y publicaciones asociadas al proyecto.

Esto transforma completamente la manera de entender la forma.

En arquitectura convencional, la geometría suele responder a factores como:

  • orientación;
  • estructura;
  • programa;
  • contexto;
  • iluminación;
  • circulación;
  • identidad.

En arquitectura espacial aparece otra variable:

la geometría del transporte.

El edificio tiene que caber dentro del vehículo que lo llevará hasta su destino.

La nave espacial se convierte, de esta manera, en una condición arquitectónica.

La nave como parcela

Esta es quizá una de las ideas más interesantes que permite extraer del Rosenberg Space Habitat.

En arquitectura terrestre, la parcela establece las reglas del proyecto.

En arquitectura espacial, la nave de transporte puede convertirse en la parcela.

La envolvente del vehículo define dimensiones, volumen disponible, restricciones de carga y posibilidades de despliegue.

Por tanto, el arquitecto ya no diseña solamente un edificio.

Diseña una arquitectura que debe existir simultáneamente en dos estados:

durante el transporte y durante la habitación.

Es una arquitectura condicionada por la transición.

Cuando la impresora 3D se convierte en fábrica

La envolvente exterior del Rosenberg Space Habitat representa otro de los aspectos fundamentales del proyecto: la utilización de fabricación aditiva a gran escala.

La carcasa fue impresa en 3D en Milán, utilizando una mezcla de ABS reforzado con fibra de vidrio y estabilizador frente a radiación UV, según las fuentes del proyecto y publicaciones especializadas.

La fabricación se realizó mediante una colaboración industrial que involucró a Camozzi e Ingersoll Machine Tools.

La envolvente se produjo en seis paneles verticales de gran altura, posteriormente trasladados para su integración con el resto del prototipo.

Esta estrategia modifica la relación tradicional entre arquitectura y construcción.

En una obra convencional, la arquitectura se divide en piezas que después son ensambladas.

En la fabricación aditiva, el proceso digital puede controlar directamente la producción de geometrías complejas.

La impresora deja de ser una herramienta secundaria.

Se convierte en parte del proceso arquitectónico.

¿Por qué imprimir un hábitat?

La impresión 3D resulta especialmente interesante para la arquitectura espacial porque permite pensar en una futura fabricación localizada.

En la Tierra, transportar una pieza prefabricada hasta una obra puede ser relativamente sencillo.

Transportar toneladas de materiales hasta la Luna o Marte es completamente diferente.

Por eso, la investigación sobre fabricación aditiva en contextos espaciales tiene una importancia que va mucho más allá del propio prototipo.

El objetivo a largo plazo podría ser reducir la cantidad de material que debe transportarse desde la Tierra y aprovechar, cuando la tecnología lo permita, recursos disponibles en el propio destino.

El Rosenberg Space Habitat no significa que esa solución esté ya operativa en la Luna o Marte.

Es, sobre todo, un laboratorio arquitectónico para investigar cómo podría construirse y habitarse en condiciones extraterrestres.

La arquitectura también tiene que cuidar la mente

Quizá el aspecto más sofisticado del proyecto no sea su impresora 3D.

Es su preocupación por la experiencia humana.

Una misión espacial prolongada implica aislamiento, repetición, ausencia de naturaleza y una exposición constante a un ambiente artificial.

El Rosenberg aborda esta condición mediante diferentes estrategias ambientales.

Luz circadiana

El sistema lumínico busca reproducir variaciones de luz que ayuden a mantener los ciclos de sueño y vigilia.

Esto introduce una idea fundamental:

la luz deja de ser únicamente iluminación y se convierte en infraestructura biológica.

En la Tierra, nuestro cuerpo recibe señales temporales del sol, el cielo y los cambios ambientales.

En un hábitat cerrado, esas señales desaparecen.

La arquitectura debe reconstruirlas artificialmente.

Olores, sonidos y memoria

El proyecto también incorpora estrategias relacionadas con estímulos olfativos y auditivos.

La razón es sencilla.

En el espacio, la experiencia sensorial cotidiana se reduce considerablemente.

No existe el sonido de la lluvia.

No existe el olor de la tierra mojada.

No existe el viento atravesando árboles.

No existe la variación permanente de un paisaje natural.

La arquitectura puede intentar compensar parcialmente esa ausencia mediante estímulos controlados.

Esta estrategia resulta especialmente interesante porque introduce una dimensión que muchas veces queda fuera de los proyectos arquitectónicos:

la memoria sensorial.

Un edificio no se experimenta solamente con los ojos.

También se habita mediante el oído, el tacto, el olfato y la percepción corporal.

Del edificio inteligente al edificio biológico

Aquí el Rosenberg Space Habitat comienza a adquirir una dimensión especialmente relevante para la arquitectura contemporánea.

Podemos hablar de edificios inteligentes cuando un sistema regula temperatura, iluminación o consumo energético.

Pero este proyecto plantea algo diferente.

No se trata únicamente de hacer que el edificio funcione mejor.

Se trata de hacer que el ser humano funcione mejor dentro del edificio.

La diferencia es enorme.

La arquitectura deja de optimizar exclusivamente sistemas mecánicos y empieza a considerar variables fisiológicas, psicológicas y sensoriales.

El hábitat se convierte en una especie de interfaz entre el cuerpo humano y un ambiente extremo.

El verdadero lujo espacial: tener espacio mental

En la Tierra, el lujo arquitectónico suele asociarse con metros cuadrados.

En un hábitat espacial sucede lo contrario.

El espacio es un recurso extremadamente limitado.

Por eso, el lujo no necesariamente consiste en tener una habitación más grande.

Puede consistir en tener un momento de privacidad.

Puede ser dormir sin ruido.

Puede ser disponer de una iluminación que recuerde el ciclo natural.

Puede ser cocinar con otra persona.

Puede ser cambiar de nivel y sentir que se ha cambiado de ambiente.

Esta condición convierte al Rosenberg en algo más que un experimento tecnológico.

Es también una investigación sobre la densidad mínima necesaria para construir una experiencia de hogar.

Un laboratorio que ya existe en la Tierra

El Rosenberg Space Habitat no está actualmente en la Luna ni en Marte.

El prototipo se encuentra en el Future Park del Institut auf dem Rosenberg, en San Galo, Suiza, donde funciona como plataforma para investigación y misiones análogas.

Los estudiantes pueden participar en experiencias de aislamiento y simulación de misiones, utilizando trajes espaciales y manteniendo comunicación con un centro de control.

La importancia de estas misiones está precisamente en que permiten estudiar problemas que no pueden resolverse únicamente mediante renders o modelos digitales.

¿Cómo se mueve una persona dentro del hábitat?

¿Cómo afecta el aislamiento?

¿Cómo funcionan los espacios compartidos?

¿Cómo se comporta la tripulación después de varios días?

¿Cómo se utiliza realmente el mobiliario?

La arquitectura se convierte así en un experimento que puede ser habitado, observado y posteriormente modificado.

Rosenberg como prototipo de una nueva tipología

Uno de los mayores intereses arquitectónicos del proyecto es que no pertenece completamente a ninguna categoría tradicional.

No es exactamente una vivienda.

No es una estación espacial.

No es un laboratorio.

No es una cápsula.

Es una combinación de todas ellas.

Y posiblemente ahí se encuentra su mayor valor como investigación.

La arquitectura espacial está obligando a crear nuevas tipologías en las que vivienda, infraestructura, laboratorio y vehículo comienzan a mezclarse.

El Rosenberg Space Habitat es una manifestación temprana de esa convergencia.

¿Qué puede aprender la arquitectura de un hábitat espacial?

La paradoja del proyecto es que, aunque está pensado para condiciones extraterrestres, muchas de sus investigaciones tienen aplicaciones potenciales en la Tierra.

La optimización extrema del espacio puede ser relevante para viviendas compactas.

La fabricación digital puede transformar procesos constructivos.

Los sistemas de iluminación circadiana pueden mejorar ambientes interiores.

El diseño acústico puede contribuir al bienestar.

Los muebles multifuncionales pueden redefinir espacios pequeños.

La arquitectura adaptable puede responder a cambios de uso.

Y la integración de sistemas tecnológicos puede hacer que los edificios sean más sensibles a las necesidades de sus ocupantes.

La arquitectura espacial funciona, de esta manera, como un campo de pruebas para problemas que también existen en nuestras ciudades.

Diseñar cuando la Tierra deja de ser el límite

El Rosenberg Space Habitat representa una de las direcciones más sugerentes de la arquitectura contemporánea: aquella en la que el edificio deja de diseñarse exclusivamente para un lugar y comienza a diseñarse para una condición.

Una condición de aislamiento.

De movilidad.

De extrema eficiencia.

De escasez material.

De dependencia tecnológica.

Pero también de convivencia humana.

SAGA Space Architects plantea una arquitectura en la que la estructura, la impresión 3D, la logística espacial, el mobiliario, la luz, el sonido y la psicología forman parte de un mismo proyecto.

La consecuencia es una arquitectura radicalmente diferente.

Aquí, la forma está condicionada por la nave; la estructura por el transporte; el interior por el cuerpo; la iluminación por el ritmo circadiano; y la vivienda por la psicología de quienes la habitan.

Quizá esa sea la verdadera lección del Rosenberg.

La arquitectura espacial no comienza cuando llegamos a la Luna.

Comienza cuando aceptamos que un edificio puede tener que proteger no solo nuestro cuerpo, sino también nuestra percepción de lo que significa estar en casa.

Fuente: SAG Architects

Fuentes y documentación

Autor: Carlos Castañares

ORCID: 0009-0008-3929-1948

Categoría: Arquitectura · Tecnología · Innovación

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