«Un arquitecto puede ser excelente diseñando, pero si no sabe comunicar sus ideas ni liderar proyectos, difícilmente podrá convertirlas en realidad.»
Miguel Vélez, M.Arch., es arquitecto, project manager y profesor en la Assumption University of Thailand, con una trayectoria marcada por la relación entre diseño, construcción y gestión. Su experiencia internacional y su enfoque técnico lo convierten en una voz especialmente interesante para entender cómo se cruza la práctica profesional con la enseñanza y la visión estratégica de la arquitectura.
Durante décadas la enseñanza de la arquitectura se apoyó en el dibujo, la crítica de proyectos y el aprendizaje progresivo del oficio. Hoy ese escenario ha cambiado radicalmente, la inteligencia artificial genera imágenes en segundos, los estudiantes diseñan con herramientas que hace pocos años parecían ciencia ficción y las escuelas deben replantear cómo formar arquitectos capaces de pensar, y no solo de producir representaciones.
En este contexto conversamos con Miguel Vélez, arquitecto, gestor de proyectos y profesor en la Assumption University de Tailandia, cuya experiencia profesional entre Europa y el sudeste asiático le ha permitido construir una mirada singular sobre la enseñanza, la ciudad y la transformación de la profesión.
Más que una entrevista, esta conversación propone una reflexión sobre cómo debería enseñarse arquitectura cuando la tecnología ya es capaz de producir imágenes, pero todavía no puede reemplazar el pensamiento crítico.
Del ejercicio profesional al aula: una trayectoria construida desde la práctica
Miguel Vélez: Mi formación como arquitecto comenzó en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM). Al poco tiempo de graduarme, la crisis económica en España me llevó a buscar oportunidades en Oriente Medio. Ese camino terminó conduciéndome al sudeste asiático, donde una serie de circunstancias inesperadas marcaron el rumbo de mi carrera.
En Singapur conocí a un estudio de arquitectura malayo que insistió en incorporarme a su equipo. Mi intención inicial era continuar hacia Australia, pero aquella oportunidad cambió completamente mis planes. Lo que imaginaba como una experiencia de pocos meses terminó convirtiéndose en un recorrido profesional de casi dos décadas en Asia.
Durante cuatro años trabajé junto a un equipo con una visión muy particular de la arquitectura. No solo desarrollaban proyectos de diseño; entendían la profesión desde una perspectiva integral, combinando conocimiento técnico, estrategia empresarial y capacidad para generar oportunidades. Esa experiencia me permitió participar en proyectos y viajes de trabajo por Australia, Filipinas, Hong Kong, Malasia, Tailandia e Indonesia ampliando mi comprensión sobre distintas formas de ejercer la arquitectura.
Una de las lecciones más importantes que aprendí en esa etapa fue que el éxito profesional no depende únicamente del talento para diseñar. Un arquitecto puede producir excelentes proyectos, pero si no sabe comunicar sus ideas, convencer a un cliente o liderar un equipo, difícilmente podrá transformar esos proyectos en realidad. La arquitectura exige tanto capacidad técnica como habilidades de gestión y comunicación.
Por eso siempre aclaro que mi perfil no proviene del ámbito estrictamente académico. Antes de incorporarme a la universidad trabajé durante años en oficinas de arquitectura, en obra y en la gestión de proyectos de gran escala en distintos países del sudeste asiático. Esa experiencia profesional es la base desde la que hoy entiendo la enseñanza.
Mi llegada al mundo universitario también fue consecuencia de una oportunidad inesperada. Tras establecerme en Tailandia con mi familia, un profesor de la Silpakorn University conocía el trabajo que compartía en redes sociales, donde analizaba proyectos internacionales desde una perspectiva constructiva. A raíz de una publicación sobre el Museo del Louvre Abu Dhabi, me invitó a participar como docente invitado en una asignatura dedicada a grandes estructuras en la misma univerisdad.
Aquella colaboración derivó en una carta de recomendación y, poco después, en mi incorporación a la universidad como profesor de Project Management. Mi experiencia en dirección de proyectos y la certificación internacional PMP® respondían precisamente a la necesidad de fortalecer esa área dentro del plan de estudios.
Con el tiempo, mi actividad docente evolucionó más allá de la gestión de proyectos. Comencé a impartir estudios de diseño arquitectónico y urbano, donde descubrí que mi formación europea aportaba una lectura diferente de la ciudad. La capacidad para interpretar la evolución histórica de los tejidos urbanos algo que en España forma parte de nuestra cultura arquitectónica despertó un gran interés entre estudiantes y profesores.
Esa experiencia dio origen a una metodología docente que he desarrollado durante los últimos ocho años. El proceso integra urbanismo, diseño arquitectónico, construcción y gestión de proyectos en un único ejercicio académico, permitiendo que los estudiantes comprendan la arquitectura desde la escala territorial hasta el edificio.
Bangkok se convirtió en el laboratorio perfecto para ese aprendizaje. Lejos de considerarla una ciudad caótica, la utilizamos como un caso de estudio para entender cómo funcionan las dinámicas urbanas cuando el crecimiento está impulsado casi exclusivamente por la iniciativa privada. A partir de esa realidad hemos desarrollado un enfoque que denomino «Bangkokism», una forma de interpretar la lógica urbana propia de la ciudad y utilizarla como herramienta de diseño.
«Mi formación como docente no nació en la universidad; nació en la obra, en las oficinas de arquitectura y en la gestión de proyectos internacionales.»
Bangkok: cuando la ciudad crece sin un plan maestro
Miguel Vélez:
Bangkok desafía muchas de las ideas tradicionales del urbanismo occidental. Mientras en Europa el crecimiento suele responder a una planificación pública, en Bangkok el desarrollo urbano está impulsado casi por completo por la inversión privada.
La ciudad se organiza mediante un sistema de zonificación sorprendentemente sencillo. Tres colores definen prácticamente todas las posibilidades de crecimiento.
- Amarillo: vivienda horizontal.
- Marrón: edificios en altura.
- Rojo: uso mixto.
Y precisamente este último explica gran parte de la complejidad urbana de Bangkok.
«En una parcela de uso mixto puedes combinar viviendas, oficinas, hoteles, centros comerciales, estacionamientos e incluso equipamientos culturales o religiosos dentro del mismo edificio.»
Lejos de interpretar esta mezcla como un desorden, Vélez propone comprenderla como una lógica urbana propia, resultado de un modelo económico específico.
Durante años ha utilizado esta realidad como base para desarrollar una metodología docente que denomina Bangkokism, una forma de enseñar arquitectura comprendiendo primero cómo funciona realmente la ciudad antes de proyectar sobre ella.
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BANGKOKISM
«No es el caos.
Es otra lógica urbana.»
Bangkok crece mediante
decisiones privadas.
Su urbanismo responde
a relaciones económicas
más que a un plan maestro.
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«La inteligencia artificial no diseña; ayuda a comenzar»
Miguel Vélez:
Permito que mis estudiantes utilicen inteligencia artificial únicamente durante las primeras fases del proyecto.
El objetivo no es diseñar por ellos.
Es eliminar el miedo que produce enfrentarse a un lienzo en blanco.
La IA funciona como una herramienta de conversación.
Ayuda al estudiante a visualizar una idea inicial.
A partir de ese momento comienza el verdadero proceso de arquitectura.
«Cuando el estudiante empieza a desarrollar el proyecto junto al profesor, la inteligencia artificial deja de ser el centro del proceso. Lo importante pasa a ser la toma de decisiones.»
Según Vélez, el aprendizaje aparece precisamente en ese diálogo continuo entre profesor y alumno.
Las imágenes generadas pueden acelerar la representación.
Pero nunca sustituyen el razonamiento arquitectónico.
Enseñar arquitectura más allá de la calificación
Miguel Vélez:
Uno de los aspectos que más transformó mi forma de entender la docencia fue comparar distintos modelos educativos. Durante mi formación en Madrid, la evaluación solía centrarse en la entrega final del proyecto. El estudiante recibía una calificación, pero pocas veces comprendía con claridad por qué una propuesta había obtenido una determinada nota.
Mi experiencia docente en Tailandia me llevó a replantear ese enfoque. Aquí el proceso de revisión es continuo. Cada estudiante presenta su trabajo ante un panel de profesores y recibe una retroalimentación detallada. Las sesiones pueden prolongarse durante horas porque el objetivo no es únicamente evaluar el resultado, sino explicar cada decisión de diseño y acompañar el desarrollo del proyecto.
Con el tiempo comprendí que enseñar arquitectura no consiste únicamente en transmitir conocimientos técnicos. También implica ayudar al estudiante a desarrollar criterios propios, justificar sus decisiones y construir confianza en su capacidad para proyectar.
La evaluación deja de ser un juicio para convertirse en una conversación.
«El estudiante no necesita únicamente una nota. Necesita comprender por qué una decisión de diseño funciona y otra no.»

Arquitectos que piensan diferente
La llegada de una nueva generación de estudiantes ha obligado también a replantear muchos prejuicios heredados de la enseñanza tradicional.
Durante años, la formación arquitectónica estuvo dominada por referentes como Le Corbusier, Mies van der Rohe o Frank Lloyd Wright. Hoy muchos estudiantes descubren la arquitectura a través de herramientas digitales, modelado paramétrico y referentes como Zaha Hadid o Frank Gehry.
En lugar de interpretar ese cambio como una pérdida de calidad, Vélez propone comprender que simplemente se trata de otra manera de aproximarse al diseño.
«Ellos no se emocionan viendo el hormigón de Le Corbusier. Se emocionan descubriendo las posibilidades formales que ofrecen las nuevas herramientas digitales.»
Para el profesor, el papel de la universidad no consiste en imponer una estética determinada, sino en enseñar a transformar esa fascinación inicial en arquitectura rigurosa.
La creatividad necesita método.
Y el método continúa siendo responsabilidad del arquitecto.
La ciudad también enseña
Buena parte de la metodología que desarrolla en la Assumption University parte de una idea sencilla: antes de diseñar un edificio es necesario comprender la ciudad que lo contiene.
Por ello, el trabajo de sus estudiantes comienza con una investigación urbana. Analizan el contexto, la movilidad, la densidad, los usos y la evolución histórica del lugar antes de plantear cualquier propuesta arquitectónica.
Solo después aparecen el edificio, la construcción y los detalles técnicos.
Este recorrido permite comprender que la arquitectura no comienza con una planta o una fachada, sino con la lectura del territorio.
Bangkok, con todas sus contradicciones, se convierte así en un laboratorio extraordinario para enseñar urbanismo contemporáneo.
La arquitectura también necesita una narrativa
Uno de los temas más originales de la conversación aparece cuando Vélez reflexiona sobre la proyección internacional de la arquitectura asiática.
En su opinión, un buen proyecto no siempre consigue reconocimiento únicamente por sus cualidades espaciales. También necesita una historia capaz de explicar por qué resulta relevante.
Muchos arquitectos del sudeste asiático están desarrollando una arquitectura profundamente vinculada a sus materiales, su clima y su cultura. Sin embargo, para dialogar con Occidente deben encontrar un lenguaje que permita contextualizar esas propuestas sin perder su identidad.
No se trata de adaptar la arquitectura, sino de aprender a comunicarla.
«La arquitectura no solo necesita buenos edificios; necesita una narrativa capaz de explicar por qué esos edificios importan.»
Desde esa perspectiva, enseñar arquitectura también significa enseñar a comunicar proyectos, construir discursos y explicar el valor de una idea ante un cliente, una institución o una revista especializada.
El arquitecto del futuro
Al preguntarle por el impacto de la inteligencia artificial, Vélez evita tanto el entusiasmo ingenuo como el rechazo tecnológico.
Considera que las nuevas herramientas han llegado para quedarse y que ignorarlas sería un error. Sin embargo, insiste en que ninguna tecnología sustituirá la capacidad crítica que caracteriza a un buen arquitecto.
La IA puede acelerar procesos, generar alternativas o producir imágenes en cuestión de segundos.
Pero continúa siendo el arquitecto quien debe interpretar el contexto, tomar decisiones, resolver conflictos y asumir la responsabilidad del proyecto.
«La inteligencia artificial puede ayudarte a empezar un proyecto. Nunca podrá decidir por qué ese proyecto merece existir.»
Reflexión Artec
Quizá el mayor aprendizaje que deja esta conversación no gira alrededor de la inteligencia artificial, sino del propio sentido de la enseñanza.
Mientras buena parte del debate educativo se centra en las herramientas digitales, Miguel Vélez recuerda que la verdadera formación del arquitecto sigue dependiendo de algo mucho más difícil de automatizar: la capacidad de observar, interpretar, argumentar y tomar decisiones.
La tecnología seguirá evolucionando. Los programas cambiarán. Los métodos de representación también.
Pero la arquitectura continuará siendo una disciplina profundamente humana, porque detrás de cada proyecto seguirá existiendo una persona capaz de comprender la complejidad de una ciudad y transformarla en un espacio para vivir.
Fuentes:
CBRE Thailand, guía sobre zonificación urbana en Tailandia. https://property.cbre.co.th/cn/guides/zoning-laws-in-thailand
Para saber más sobre Bangkok como laboratorio Urbano:
Visita: BANGKOK: el problema no es la ciudad,es cómo la miras.TAILANDIA 🇪🇸:DESENCADENADO 26/11🎙️Miguel Vélez
Información editorial
Serie editorial
Conversaciones ARTEC · N.º 001
Identificador editorial
ARTEC-CA-001
Entrevistado
Miguel Vélez, M.Arch.
Arquitecto · Project Manager · Lecturer, Assumption University of Thailand
Entrevista y edición
Carlos Castañares
Arquitecto · Editor de Revista ARTEC
ORCID
https://orcid.org/0009-0008-3929-1948
Publicado
25 de julio de 2026
Idioma
Español
Tipo de publicación
Entrevista de fondo
Palabras clave
Bangkokism · Urbanismo · Arquitectura · Inteligencia Artificial · Educación Arquitectónica · Bangkok · Diseño Urbano · Project Management · Enseñanza de la Arquitectura
Cómo citar este artículo (APA 7.ª edición)
Castañares, C. (2026). Bangkokism: Una mirada urbana. Conversación con Miguel Vélez sobre ciudad, educación y el futuro de la arquitectura. Revista ARTEC. https://revista-artec.com/bangkokism-una-mirada-urbana/
Sobre Conversaciones ARTEC
Conversaciones ARTEC es una serie editorial de Revista ARTEC dedicada a documentar el pensamiento contemporáneo sobre arquitectura, ciudad, urbanismo, tecnología e innovación mediante entrevistas en profundidad con arquitectos, investigadores, docentes y profesionales de reconocido prestigio internacional. Su objetivo es preservar ideas, experiencias y reflexiones que contribuyan al debate sobre el presente y el futuro del entorno construido.
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